María Campos: la acción ciudadana es riesgosa, pero posible

Welab es el acrónimo de Women Empowerment Lab, una Organización No Gubernamental (ONG) enfocada en crear espacios para la transformación social. Para María Luisa Campos, una de las fundadoras -y quien se inició como activista en Caracas con el movimiento de ciclismo urbano Bicimamis- se trata  de una manera de transformar su entorno mediante la acción ciudadana.

María Campos, acción ciudadana III

Sin trabas gubernamentales y con la posibilidad de usar la tecnología para llegar a cada vez más personas, Campos apuesta por llevar el discurso de género a la palestra pública.

Como activista y emprendedora, cuenta los aprendizajes, desafíos y herramientas que ha encontrado a lo largo de su camino en WeLab.

¿Nos puedes contar sobre la trayectoria de WeLab?

WeLab es algo que tenía muchísimos años trabajando. Me propuse este sueño y a estudiar en torno a temas de género. Con esta iniciativa siento tengo la oportunidad de hacer cosas con un tema que me apasiona mucho que es trabajar con mujeres, y de repensar su rol en la ciudad. A fines de 2017 dije: “ya tengo todo armado, vamos a hacer el registro”, que no es fácil en Venezuela.

Es delicado, porque hay algunas restricciones con los temas a trabajar. O sea, de repente pones que quieres trabajar por la democracia y no te lo van a aprobar. Eso ha pasado. Entonces, en términos de escribir lo que tu eres como organización, debes pensarlo muy bien.

Como ONG, ¿cuáles dirían que son sus herramientas?

Encontré que con la tecnología tu puedes conectar gente para que haga cosas, sin que el Estado intervenga en esa transacción. Se trata de una economía colaborativa. Por ejemplo, si el Ministerio Público no responde a tus denuncias de violencia, entonces puedes gestionar en la encuesta que te estoy dando, y vamos a mapearla. La acción ciudadana no deja de ser riesgosa, pero es posible ponerla en práctica. Prefiero moverme allí que dentro de una rigidez organizacional que no permite dar más.

Entonces, ¿la parte legal fue la más difícil de levantar?

No, en verdad no. Más bien algo que le está costando a todas las organizaciones de desarrollo social en Venezuela es la parte presupuestaria. Es decir, tener recursos para realizar los proyectos, porque somos un equipo pequeño. ¡Imagínate el reto! Eres gerente, recursos humanos, community manager. Todo.

Afortunadamente, soy egresada de un programa de la embajada de los Estados Unidos, que se llama International Visitors Leadership Program (IVLP), el cual está enfocado en mujeres emprendedoras de las américas. Buenísimo. Lo curioso fue – y yo no sabía esto – que cuando tu ingresas a esa red de egresados puedes concursar a fondos.

Ellos abren presupuestos, tu introduces proyectos y es posible que te los aprueben, si cumples con los requerimientos, si propones ideas innovadoras y te ajustas a los criterios de sostenibilidad que tienen. Resulta que eso existe y estamos allí tratando de que nos aprueben un mega proyecto.

¿Recomendarían a otras iniciativas registrarse? ¿Es necesario?

En mi experiencia de mujer y ciclista que ha andado en organizaciones civiles, diría que sí. Cuando tu quieres que algo avance, perdure y genere cambios a largo plazo, necesitas formar estructuras que te ayuden y acompañen a que esos cambios sucedan.

Desde el 2013 yo estaba con Bicimamis diciéndoles que nos registramos, pero nadie quería por la responsabilidad que implicaba. Reflexionando digo después que cada uno tiene un camino profesional distinto. Nos llegaron a ofrecer bicicletas para nuestras propuestas, pero no podíamos acceder a ellas porque no teníamos una figura jurídica.

Entonces si tu eres una organización que quiere mantenerse de una manera informal, sin pensar en la sostenibilidad, pues adelante. Si eres una organización que quiere generar cambios a futuro, pues te digo que necesariamente tienes que tener una figura jurídica porque eso es como una cédula, tienes que existir. Si no existes no accedes a fondos, cuentas bancarias, proyectar una visión, misión, pagarle a la gente, ni sostenerte como un servicio comunitario. Tienes unas limitaciones muy grandes.

María Campos, acción ciudadana II

¿Todo esto está muy relacionado con el salto de Bicimamis a WeLab como una ONG?

Si, la transición de Bicimamis a WeLab se da precisamente porque necesitábamos una figura jurídica y porque las inquietudes profesionales que tenía no abarcaban nada más el ciclismo urbano, sino la sostenibilidad, la habitabilidad, el urbanismo, el tema del enfoque de género, cómo las mujeres nos relacionamos con la ciudad, qué nos pasa en estos lugares, entre otros.

Se trata de hacer un espacio de discusión que en este país no existe. Y yo creo que necesitamos tener otros temas de conversación, que involucren a las mujeres. Es importante analizar cómo configuramos el país que tenemos hacia el que queremos.

¿Hacia dónde va WeLab como ONG?

Queremos tomar una discusión que se está dando en muy en poquitos lugares: urbanismo feminista. De aquí a tres años trabajaremos para poner ese tema en discusión, establecer un perfil de consultorio y tener sistematizada una manera de trabajo que implique una aproximación a la comunidad, específicamente a las mujeres y contribuir a generar cambios muy locales. No solo en Venezuela, sino en cualquier lado.

Para mí una metodología no es replicable en cualquier parte del mundo, pero si tu sistematizas procesos y experiencias, es muy probable que esa experiencia puedan replicarla en otro lugar y seguir metiendo conocimientos a eso que hiciste.

A nivel personal y como mujer activista, ¿cómo haces para manejar toda la carga?

Es retador. A veces no es muy alegre, pero se trata de ese cuento que parece cliché: cuando tienes algo que te apasiona, lo haces y ya. Creo que es importante encontrar eso es la vida.

Hay momentos en los que de verdad no quiero hacer nada, pero cuando tu ves los resultados de lo que haces, wow, te dices no puedo creer que tenga capacidad de hacer esto, que tanta gente piense igual que yo o que encuentren valor a esta idea.

Y eso es lo más gratificante que puedo tener, a pesar de la gran cantidad de trabajo que hay.

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